El trastorno de mamá y papá

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El estigma de la enfermedad mental golpea por partida doble a los afectados que tienen o quieren tener hijos

Perdieron amigos, trabajos y el techo en el que vivían. Algunos, también a la familia. Antonio Serrano, Josep Franch y Marta Nolla son testimonios de las profundas huellas que deja un trastorno mental cuando arrastra todo lo que encuentra a su paso, pilla a los niños por el medio y llena de angustia y miedo el deseo de tener un hijo. Estos problemas “son un tabú y las personas con trastornos sufren la discriminación en todas las facetas de su vida”, afirma un portavoz de la entidad Obertament, alianza catalana que lucha contra el estigma en salud mental. Los datos insisten machaconamente en la exclusión que padecen. Una reciente encuesta de la Conselleria de Salut revela que el 21% de los catalanes considera que “no se puede confiar para el cuidado de otros en aquellas personas que han sido pacientes en hospitales de salud mental”.

Marta se muere de ganas de ser madre. A los 29 años le diagnosticaron un Trastorno Límite de la Personalidad (TLP) y otro de conducta alimentaria y cuando se lo comunicaron lo primero que preguntó es si podría ser madre. Ahora ha llegado el momento, se casa el día 28 de mayo “y es hora de tenerlo”, aclara. El psiquiatra ya le ha advertido que tiene un 99% de probabilidades de tener depresión postparto y su entorno le ha insistido: ‘¿Tú estás segura de que quieres tener un hijo?’

Entre unos y otros “te acaban haciendo coger miedo a cosas que no tenías, cuando tú solo quiere darle amor a un niño. Si mi problema me lo impidiera, ni se me ocurriría”, concluye.

Enric Arqués, psicólogo y presidente de la Federació Fòrum-Salut Mental, que agrupa a 22 entidades, asegura que el diagnóstico “se utiliza para descalificar a los futuros padres y se les ponen trabas al considerar que no están calificados para hacer frente a una crianza. Es una actitud paternalista que llega al punto de denegar el derecho a ser padres”. Arqués se pregunta por qué esto sucede en el caso de la salud mental y no en otros problemas de salud graves y serios. Y es que como reconocen en la entidad Obertament “hay que controlar la medicación”. Y Arqués añade “hay casos de mujeres que suspenden la quimioterapia para ser madres, también puede pasar lo mismo con la medicación para un trastorno mental. Si necesita apoyo nosotros lo ofrecemos”.

SEPARACIONES JUDICIALES

Marta Nolla ha estado 10 años “sin tener una vida normal. Vivía en una noria constante, en la que en ocasiones dejas de estar muy mal para pasar a estar mal”, apunta. Aquellos años los recuerda cubiertos por la bruma. “Me acuerdo de muy poco y todo con muchas lagunas. Empecé con una depresión, no comía y casi no podía andar. Cuando me dieron el diagnóstico respiré, fue un alivio”. Esta misma sensación la comparten otras personas con trastorno mental como Dani Farré. “No sabes qué te sucede para comportarte como lo haces y cuando tienes un diagnóstico, le encuentras explicaciones a las cosas”.

Silencios que hieren

La pérdida de amigos es tremendamente dolorosa en un entorno de vulnerabilidad. A Antonio Serrano le golpeó que sus amigos ni siquiera le preguntaran qué le sucedía y todavía más que le recriminaran que “no les hiciera caso”. Marta Nolla también vivió una experiencia similar a la de Antonio. Marta recuerda que “se siente mucho perder a los amigos, pero lo utilizas como cribaje y piensas que los que perdiste no merecían la pena porque son los que pasaron de ti”. Ella ha tenido que tejer una nueva red de amistades. Josep Franch también lamenta que el tiempo que estuvo ingresado en el hospital, los amigos no fueran a verlo y atribuye la pérdida de las amistades “a la ignorancia que hay sobre la enfermedad”. Su familia, sin embargo, si aceptó su trastorno cuando le diagnosticaron esquizofrenia,  pero a continuación su padre añadió: “No se lo diremos a nadie”. La familia de Antonio se ha interesado por su trastorno bipolar, pero “no se habla del tema. Es un tabú”, reconoce. En este aspecto, Marta ha tenido más suerte “la relación familiar ha sido fantástica”, remata.

El diagnóstico también se utiliza como arma arrojadiza en los procesos de separaciónpara lograr la custodia de los hijos menores. “El abogado de la parte contraria tiene una baza muy fuerte si hay undiagnóstico que hace referencia a la salud mental”, dice Arqués. Carme Adell,abogada experta en famila, lo corrobora. “Si hay un mínimo de sospecha de alguna inestabilidad, se utiliza siempre”, argumenta Adell. La letrada va más allá: “No solo se utiliza como argumento cuando hay diagnóstico, sino incluso cuando los trastornos mentales son transitorios y los ha causado el propio proceso de separación”. Adell, que también es diputada de la junta de gobierno del Col·legi de la Advocacia de Barcelona, asegura que “a estas personas se les etiqueta como no válidos para ejercer el rol parental”.

Hay numerosos precedentes. Uno de ellos es el caso de Antonio Serrano que ahora respira tranquilo tras haber estado en un tris de perder la custodia de su hija Berta que acaba de cumplir 5 años. En su proceso de separación ha salido a colación su problema de salud mental. “Para no compartir la custodia de mi hija, mi pareja argumentó que yo sufría un trastorno bipolar“, explica.

El juez tuvo en cuenta este diagnóstico, pero según explica Antonio, a él nadie le evaluó ni le vio ningún perito. Su compañera conocía perfectamente sus depresiones con las que lleva peleándose desde los 20 años. “Cuidé de Berta hasta que cumplió un año y entonces nadie se preocupó de si yo era válido como padre ni se acordó de mi enfermedad”, aclara. En la separación todo se complicó. “Ella quería tener la certeza de que cuando estuviera con mi hija no me iba a pasar nada”, apunta. Como si Antonio tuviera una bola mágica para conocer el futuro. “Al final mi expareja ha comprendido que compartir la custodia es lo mejor para Berta. Yo la entiendo porque como madre quería asegurarse de que la niña estuviera bien”, concluye Antonio.

Josep Franch tuvo una hija con su primera mujer. “No sé qué aspecto tiene y ya es mayor de edad”, se lamenta. Su diagnóstico médico habla de “esquizofrenia”, la sufre desde los 21 años y ahora ya ha cumplido los 53. Explica que la rotura de sus lazos afectivos se produjo “en un momento de bloqueo emocional porque pensé que era mejor para no hacer daño a mi hija”, dice. Todavía le resulta difícil hablar de ello. Josep creía que no sería un buen padre. “Tenía un sentimiento de culpabilidad y de impotencia”, razona. Reconoce que tiene pendiente una conversación con su hija “una muy importante, una que tenía que haber tenido hace tiempo”. Josep las ha visto de todos los colores. Castigó al cuerpo con alcohol y porros llegó estar dos meses “sin retorno, sin conocer a la gente. De aquella época no recuerda nada”, remarca. Ahora ha rehecho su vida y tiene un chaval de 11 años al que le ha explicado su trastorno, pero “no me ha visto enfermo porque desde el 2000 estoy estable”. Franch tiene un nuevo trabajo, va a estudiar Psicología y escribe. Ya ha cosechado algunos premios.

FUENTE: www.elperiodico.com

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