La depresión no tiene edad

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SensibilidadMientras en algunos países del primer mundo se sobre-diagnostica la depresión, en estas latitudes la tendencia es a sub-diagnosticarla. Cuando no es porque el enfermo la niega o la intenta disimular, es la familia (que le tiene pavor) que mira para otro lado y le pide al enfermo que “ponga de su parte” o es el sistema médico que la ignora olímpicamente.

Diagnosticar y tratar oportunamente una depresión permite aliviar el dolor psicológico, minimizar la incapacidad laboral y evitar el suicidio.

Los niños y los adolescentes también se deprimen, lo cual les significa tomar el camino de la enfermedad con sus crueles implicaciones: iniciar la vida sufriendo de una autoestima baja, abrumados por melancolía, tristeza, apatía y pesimismo. Lo que equivale a privarse de las posibilidades de una infancia esperanzadora.

Los síntomas de depresión infantil incluyen entre otros: problemas de sueño, fatiga extrema, sentimientos de culpa, cambio en el peso, disminución de la capacidad de experimentar placer y una merma de las habilidades cognitivas. Los sentimientos de culpa y la fatiga extrema son marcadores muy específicos que diferencian a los niños preescolares deprimidos de aquellos con trastornos del comportamiento.

Si las intervenciones terapéuticas en depresión son válidas para los adultos, para los menores de edad tienen implicaciones mucho más profundas. Lo cual está corroborado por serias investigaciones, de las cuales el trabajo de Joan Luby (The clinical significance of preschool depression, J Affect Disord. 2009; 112: 111-119) es solo un ejemplo de entre muchos más, que resalta hechos que deben ser tenidos en cuenta:

*Intervenir los procesos depresivos en niños preescolares representa un alivio del sufrimiento del niño y tiene importantísimas implicaciones en salud pública.

*Entre más temprano se identifique y se intervenga el trastorno mental durante el periodo de rápidos cambios en el desarrollo del cerebro, antes se abren las oportunidades de intervenciones terapéuticas que podrían prevenir trastornos más severos a futuro.

*Los síntomas de depresión y angustia se anticipan en años a los trastornos depresivos del adulto.

*Los adolescentes con depresión tienen un riesgo mucho mayor de suicidio y de sufrir trastornos depresivos en la etapa adulta.

*Los trastornos de personalidad dependiente, antisocial o pasivo-agresivo representan la transición de un trastorno depresivo del niño al adulto.

*La demora de actuar con intervenciones terapéuticas dirigidas a los jóvenes está asociado a manifestaciones más adversas de la enfermedad depresiva en la etapa adulta.

*Los tratamientos tempranos y efectivos de un trastorno bipolar en jóvenes podrían tener como resultado formas más benignas de enfermedad depresiva y de un mejor pronóstico en los adultos.

*Si se tiene la convicción de que los padres pueden jugar un papel importante en el proceso de diagnóstico y tratamiento, se habrá dado un paso importantísimo para atenuar (en los menores de edad) los efectos destructivos de la depresión.

FUENTE: www.elpais.com

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